

Soy Marisa
Cuando la estrategia dejó de ser suficiente
Hasta hace muy poco era mentora de negocios. Acompañaba principalmente a mujeres mayores de 50 años que querían llevar sus conocimientos, profesiones o emprendimientos al mundo digital.
Yo buscaba la mejor estrategia para cada una. Analizaba su negocio, pensaba alternativas y trataba de encontrar el camino que le permitiera avanzar.
Pero había algo que no lograba explicar.
Dos mujeres podían recibir las mismas herramientas y comprender perfectamente qué tenían que hacer. Sin embargo, una avanzaba mientras la otra permanecía detenida.
Con el tiempo descubrí un factor común que no estaba en Instagram, en la tecnología ni en el sistema de ventas.
Estaba en la historia que cada mujer se contaba.
“Ya es tarde para mí.”
“No soy buena con la tecnología.”
“Todavía no estoy preparada.”
“No tengo nada diferente para ofrecer.”
Esas frases influían en lo que se animaban a mostrar, en cuánto cobraban y en las decisiones que postergaban. La estrategia podía ser correcta, pero no alcanzaba si la mujer que debía aplicarla seguía creyendo que no era capaz.
Y mientras lo observaba en ellas, empecé a reconocerlo en mí.
Había construido una marca alrededor de algo que sabía hacer. Sin embargo, algo dentro de mí comenzó a decirme que ya no quería hablar solamente de estrategias.
No porque hubieran dejado de ser útiles, sino porque ya no alcanzaban para explicar lo que verdaderamente nos detenía.
Una pregunta que todavía me acompaña
En 2003 yo tenía 35 años. Estaba casada, tenía tres hijos y, desde afuera, mi vida podía parecer resuelta. Sin embargo, sentía que estaba viviendo una vida que ya no reconocía como propia.
Un día, Lucas, que tenía 10 años, me preguntó:
“Mamá… ¿cuándo vas a ser feliz?”
Meses después me separé. Durante un tiempo pensé que esa decisión había sido la respuesta. Con los años comprendí que solamente había sido el comienzo de una búsqueda.
Desde entonces leí, estudié, emprendí, me equivoqué y volví a empezar muchas veces. Atravesé distintos proyectos y acompañé a muchas mujeres, pero la pregunta siempre fue más profunda que cualquier negocio:
¿Desde qué lugar estamos eligiendo nuestra vida?
En los últimos años, distintas lecturas —entre ellas Un Curso de Milagros— me ayudaron a comprender cuánto de lo que vivimos está condicionado por nuestra forma de interpretar, por el pasado que seguimos llevando al presente y por el miedo desde el que tantas veces elegimos.
No quiero presentarme como una maestra espiritual. Yo también estoy aprendiendo.
Este espacio nace para compartir esas preguntas en un lenguaje cotidiano. Para conversar sobre el paso del tiempo, el cuerpo, los vínculos, la gratitud, los miedos, los sueños postergados y la posibilidad de elegir nuevamente.
Ya no quiero construir una marca solamente alrededor de un conocimiento.
Quiero construirla alrededor de una forma de vivir.
Tal vez mi historia no se parezca a la tuya. Pero mientras la leés, quizás puedas preguntarte:
¿Qué parte de esta historia también habla de mí?
No vine a decirte cómo vivir
Quiero compartir conversaciones que te ayuden a detenerte, escucharte y recordar que aún estás a tiempo de elegir cómo querés vivir, con libertad y verdad.
De vez en cuando, quiero enviarte una historia, una pregunta o una nueva manera de mirar esas cosas que nos pasan a todas. Sin mensajes diarios ni promesas vacías. Solo conversaciones que valga la pena abrir.
